Rizartrosis: artrosis del pulgar y opciones de tratamiento

Si notas dolor en la base del pulgar al abrir un frasco, girar una llave o hacer pinza, es habitual preguntarse qué puede estar ocurriendo. En muchos casos, este dolor aparece de forma progresiva y se mantiene en el tiempo, afectando cada vez más a las actividades cotidianas.

¿Qué es la rizartrosis?

La rizartrosis es la artrosis de la articulación trapeciometacarpiana, situada en la base del pulgar. Es una articulación en silla de montar —una de las más complejas del cuerpo— que permite al pulgar moverse en múltiples planos y oponerse al resto de los dedos. Esta movilidad tan amplia tiene un coste mecánico: la articulación soporta cargas muy elevadas en actividades cotidianas, lo que la hace especialmente vulnerable al desgaste progresivo. Su deterioro impacta directamente en la capacidad funcional de toda la mano.

Actividades cotidianas como abrir un frasco, girar una llave o sujetar un objeto pueden volverse progresivamente difíciles. Se trata de un proceso degenerativo frecuente, especialmente en mujeres a partir de la quinta década de vida.

Síntomas más frecuentes

  • Dolor en la base del pulgar, especialmente al hacer pinza
  • Disminución de fuerza para agarrar o pellizcar
  • Dificultad para actividades cotidianas: abrir frascos, escribir, coser
  • Inflamación local en la base del pulgar
  • Deformidad progresiva en fases avanzadas, que puede llegar a afectar a la articulación metacarpofalángica del pulgar

Los síntomas suelen evolucionar de forma progresiva. No todos los pacientes avanzan igual, y esto condiciona directamente el tipo de tratamiento más adecuado.

¿Por qué aparece?

Se trata de un proceso multifactorial en el que pueden intervenir varios elementos:

  • Degeneración progresiva del cartílago articular
  • Sobrecarga mecánica repetida de la articulación
  • Laxitud ligamentosa previa
  • Factores hormonales (frecuente en mujeres perimenopáusicas)
  • Predisposición individual y componente hereditario (tiende a agruparse en familias)

Importante: no siempre existe una relación directa entre los hallazgos en la imagen y la intensidad de los síntomas. Hay pacientes con cambios importantes en la radiografía que tienen poca limitación, y otros con imagen moderada con dolor significativo. La valoración clínica individualizada es imprescindible.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en la combinación de tres elementos:

  • Historia clínica: evolución de los síntomas, actividades que los desencadenan, tratamientos previos y antecedentes relevantes
  • Exploración específica: la compresión axial y rotación de la articulación trapeciometacarpiana es la maniobra clave. Si reproduce el dolor del paciente y genera crepitación, orienta con alta fiabilidad hacia rizartrosis. Se complementa con la valoración de la movilidad, la estabilidad articular y la fuerza de pinza
  • Prueba de imagen: la radiografía es la principal herramienta para valorar el grado de degeneración articular, incluyendo el pinzamiento del espacio articular, la esclerosis subcondral, la presencia de osteofitos y la subluxación articular

Lo importante es correlacionar los hallazgos con los síntomas: el tratamiento se orienta en función de la situación clínica del paciente, no solo de la imagen.

Diagnóstico diferencial: el dolor en la base del pulgar no siempre es rizartrosis. La tenosinovitis de De Quervain produce dolor en una localización cercana pero de origen tendinoso, no articular. También puede coexistir con la rizartrosis. En la exploración es posible distinguirlas: la rizartrosis se reproduce con compresión y rotación de la articulación basal, mientras que el De Quervain se identifica con maniobras de provocación tendinosa. La artrosis de la articulación escafotrapeciotrapezoidea (STT) también puede producir dolor en una zona próxima y coexistir con la rizartrosis; la exploración clínica y la radiografía permiten distinguirlas. Un diagnóstico preciso es esencial para orientar correctamente el tratamiento.

Opciones de tratamiento de la rizartrosis

La decisión terapéutica depende del dolor, la limitación funcional y las expectativas de cada paciente. No existe una solución única válida para todos los casos, y lo importante es elegir el momento y la opción adecuada para cada situación.

Tratamiento conservador

  • Adaptación de actividades
  • Férulas específicas para el pulgar
  • Ejercicio terapéutico dirigido
  • Tratamiento farmacológico del dolor

Infiltraciones

  • Corticoides para control del dolor
  • Ácido hialurónico
  • PRP (Plasma Rico en Plaquetas)
  • Indicación individualizada según evolución

Tratamiento quirúrgico

Cuando el dolor es persistente o limita significativamente la función a pesar del tratamiento conservador, puede plantearse intervención quirúrgica. Existen diferentes opciones técnicas en función del perfil del paciente y el grado de afectación:

  • Reconstrucción ligamentaria: para estadios iniciales con inestabilidad articular y cartílago articular conservado
  • Técnicas de resección articular y suspensión del metacarpiano: se extirpa el trapecio completamente y se suspende el metacarpiano, habitualmente con tendón del propio paciente o con implantes específicos de suspensión. Alivia el dolor de forma eficaz, aunque implica pérdida de altura de la columna del pulgar, con una recuperación de la fuerza de pinza que progresivamente va aumentando durante los primeros años
  • Prótesis trapeciometacarpiana de doble movilidad: reconstruye la anatomía articular y preserva la altura de la columna del pulgar, lo que mantiene el eje mecánico y la transmisión de fuerzas replicando el funcionamiento de la articulación original. Permite recuperar movilidad y fuerza de pinza de manera significativa y en menos tiempo —algo que las técnicas de resección no logran en igual medida

El objetivo es aliviar el dolor y recuperar la funcionalidad de la mano. La elección de la técnica se adapta al grado de afectación, las características del paciente y sus necesidades funcionales.

Guía de ejercicios y manejo: si estás en una fase inicial o quieres complementar tu tratamiento, puedes consultar la guía de ejercicios y pautas de manejo de la rizartrosis, con recomendaciones generales de uso domiciliario.

¿Cuándo es recomendable consultar?

  • Dolor persistente en la base del pulgar que no cede con reposo o analgesia básica
  • Dificultad progresiva para actividades cotidianas: abrir frascos, escribir, girar llaves
  • Pérdida de fuerza para la pinza o el agarre
  • Deformidad visible o progresiva en la base del pulgar
  • Falta de respuesta a tratamiento inicial (férula, antiinflamatorios, rehabilitación)
  • Dudas sobre cuándo considerar la cirugía o sobre las opciones disponibles

No es normal que el dolor en la base del pulgar limite de forma persistente actividades tan básicas como abrir un bote o girar una llave. Una valoración especializada permite definir el momento adecuado para cada tipo de tratamiento y evitar que la situación avance innecesariamente. En la rizartrosis, consultar antes amplía las opciones terapéuticas: en fases iniciales se pueden plantear tratamientos conservadores y técnicas menos invasivas que ofrecen buena respuesta, opciones que dejan de ser viables o resultan poco efectivas cuando la articulación ya está muy deteriorada.

Preguntas habituales sobre la rizartrosis

La decisión terapéutica depende del dolor, la limitación funcional y las expectativas de cada paciente. No existe una solución única válida para todos los casos, y lo importante es elegir el momento y la opción adecuada para cada situación.

¿La artrosis del pulgar se puede tratar sin operar?

Sí. Muchos pacientes pueden controlar los síntomas durante tiempo prolongado con tratamiento conservador y, en algunos casos, con infiltraciones. La cirugía se plantea cuando el dolor es persistente y la limitación funcional es significativa a pesar de haber agotado las opciones previas.

No. Las infiltraciones no modifican el proceso degenerativo, pero pueden ayudar a controlar los síntomas durante un período variable. Su eficacia depende del tipo de infiltración, el grado de afectación y las características individuales de cada paciente.

En pacientes seleccionados, cuando existe dolor persistente y limitación funcional significativa, y otras opciones no han sido suficientes. No es la primera ni la única opción quirúrgica — hay varias técnicas posibles y la elección depende del perfil del paciente.

Sí. El objetivo del tratamiento, tanto conservador como quirúrgico, es aliviar el dolor y mejorar la función, adaptándose a las necesidades y expectativas de cada paciente. La mayoría de los casos tienen una buena respuesta al tratamiento adecuado.

Depende de la técnica empleada. Hay procedimientos con recuperación más rápida y otros con períodos de inmovilización más prolongados. Se explicará en detalle en la consulta de valoración, adaptado a tu situación laboral y personal.

Los resultados son muy favorables. El dolor se reduce de forma muy significativa —de niveles altos en reposo y actividad a valores mínimos—. La fuerza de pinza y prensión mejoran de manera notable, permitiendo recuperar gestos cotidianos que antes resultaban imposibles o dolorosos. La mayoría de los pacientes retoman sus actividades habituales en un plazo de 4 a 8 semanas. La supervivencia del implante se sitúa en torno al 90% a 10 años. Como toda intervención quirúrgica, no está exenta de riesgos —aunque las complicaciones son poco frecuentes—, por lo que la indicación se valora de forma individualizada en cada caso.

Ambas producen dolor en la zona de la base del pulgar, pero su origen es distinto. La rizartrosis es un desgaste articular de la articulación trapeciometacarpiana, mientras que el De Quervain es una inflamación de los tendones que pasan por la muñeca. En la exploración se distinguen con maniobras específicas: la compresión y rotación de la articulación basal para la rizartrosis y las maniobras de provocación tendinosa para el De Quervain. Pueden coexistir en un mismo paciente. La artrosis de la articulación escafotrapeciotrapezoidea (STT) es otra causa de dolor en una zona próxima que también debe tenerse en cuenta. Una valoración clínica específica permite distinguirlas.

Sí. La rizartrosis bilateral es frecuente, especialmente en mujeres. Es habitual que una mano dé más síntomas que la otra o que debute primero un lado y el otro se manifieste más tarde. Cada mano se valora y trata de forma independiente según su grado de afectación y los síntomas que produce.

Depende del grado de afectación y del tipo de actividad. Muchos pacientes mantienen su actividad laboral y cotidiana con adaptaciones, uso de férula y tratamiento del dolor. Cuando la limitación funcional impide actividades esenciales, es el momento de valorar un cambio en la estrategia terapéutica. El objetivo siempre es preservar la mayor funcionalidad posible.

Es más frecuente a partir de la quinta década de vida y tiene mayor prevalencia en mujeres, aunque puede presentarse antes. Existe un componente hereditario y hormonal que no es modificable. Lo que sí puede hacerse es evitar sobrecargas repetitivas innecesarias, mantener la musculatura del pulgar con ejercicio terapéutico y consultar precozmente cuando aparecen los primeros síntomas, para poder intervenir en el momento más favorable.

Profundizar sobre la rizartrosis

Mi actividad clínica cubre el espectro completo de la patología de la mano, la muñeca y el antebrazo distal:

En determinados casos de rizartrosis que no responden al tratamiento conservador, pueden valorarse opciones biológicas complementarias como el PRP. La indicación depende del estadio de la enfermedad y de la situación clínica de cada paciente.

Más información sobre el uso clínico de PRP en patología de mano →

Si presentas dolor en la base del pulgar, una valoración individualizada permite confirmar el diagnóstico y definir la opción más adecuada en tu caso

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Dra. Claudina Morgades

Traumatóloga · Especialista en Cirugía de Mano, Muñeca y Miembro Superior · Zaragoza

Última revisión clínica del contenido: . Este texto se actualiza periódicamente conforme evoluciona la evidencia científica en cirugía de mano y muñeca.

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