¿Qué es la rizartrosis?
La rizartrosis es la artrosis de la articulación trapeciometacarpiana, situada en la base del pulgar. Es una articulación en silla de montar —una de las más complejas del cuerpo— que permite al pulgar moverse en múltiples planos y oponerse al resto de los dedos. Esta movilidad tan amplia tiene un coste mecánico: la articulación soporta cargas muy elevadas en actividades cotidianas, lo que la hace especialmente vulnerable al desgaste progresivo. Su deterioro impacta directamente en la capacidad funcional de toda la mano.
Actividades cotidianas como abrir un frasco, girar una llave o sujetar un objeto pueden volverse progresivamente difíciles. Es un proceso frecuente, sobre todo en mujeres, y suele aparecer a partir de los 45 años.
Síntomas más frecuentes
- Dolor en la base del pulgar, especialmente al hacer pinza
- Dolor al presionar la base del pulgar
- Disminución de fuerza para agarrar o pellizcar
- Dificultad para actividades cotidianas: abrir frascos, girar una llave, escribir, coser
- Rigidez y dificultad para separar el pulgar de la mano
- En fases avanzadas, un bulto en la base del pulgar y deformidad progresiva, que puede llegar a afectar a la articulación metacarpofalángica del pulgar (el pulgar en Z)
Los síntomas suelen evolucionar de forma progresiva. No todos los pacientes avanzan igual, y esto condiciona directamente el tipo de tratamiento más adecuado.
¿Por qué aparece?
La causa exacta no se conoce. Es un proceso en el que se desgasta el cartílago de la articulación y en el que se han descrito varios factores asociados:
- Edad: suele aparecer a partir de los 45 años
- Sexo femenino: es bastante más frecuente en mujeres
- Antecedentes familiares: tiende a agruparse en familias
- Laxitud de los ligamentos del pulgar
- Una fractura que afectó a la articulación años antes
No está claro si el uso intenso de la mano influye en su aparición, aunque sí es habitual que las tareas de fuerza con el pulgar hagan que duela más.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y se basa en la combinación de tres elementos:
- Historia clínica: evolución de los síntomas, actividades que los desencadenan, tratamientos previos y antecedentes relevantes.
- Exploración específica: el dolor se reproduce típicamente con la compresión axial y la rotación de la articulación trapeciometacarpiana, que son las maniobras más orientativas; puede aparecer además crepitación o inestabilidad. Se completa con la valoración de la movilidad y de la fuerza de pinza.
- Radiografía: confirma el diagnóstico y permite valorar el grado de desgaste: el pinzamiento del espacio articular, la esclerosis del hueso bajo el cartílago, los osteofitos, la subluxación de la articulación y la afectación de las articulaciones circundantes.
La radiografía orienta; no decide. Lo importante es relacionar lo que se ve con lo que te pasa: el tratamiento se orienta en función de tu situación clínica, no solo de la imagen.
¿Cuándo no hace falta operar la rizartrosis?
En la mayoría de los casos, al principio. Las guías británicas de cirugía de la mano recomiendan comenzar por un tratamiento conservador (sin cirugía) bien hecho y plantear la operación solo si, después de un tiempo razonable —utilizan como referencia unos seis meses—, el dolor sigue limitando la mano.
- Primer escalón: entender qué le pasa a la articulación, adaptar las tareas que más duelen, ejercicios pautados para el pulgar, una férula de reposo para la noche y tratamiento del dolor.
- Si no basta: una férula ajustada a tus actividades, para los momentos del día en que más la necesitas.
- Si sigue sin bastar: una infiltración, que puede aliviar el dolor durante un tiempo.
Por norma general, la cirugía no es el primer tratamiento. Con un buen tratamiento conservador, muchas personas controlan los síntomas retrasando o incluso evitando la cirugía.
Tratamiento de la rizartrosis: ¿cuándo hay que operar?
El tratamiento se adapta a cada paciente: depende del dolor, de cuánto limita la mano, de la fase de la artrosis, de tu edad y tu actividad, y de lo que prefieras una vez hayamos comentado los detalles de cada opción.
Tratamiento conservador
- Explicación de la enfermedad y adaptación de las tareas que más duelen
- Ejercicios pautados para el pulgar
- Férula de reposo nocturna y, si hace falta, otra ajustada a tus actividades
- Tratamiento del dolor según tu caso
Infiltraciones
- Corticoide: alivia el dolor en muchos casos durante un tiempo variable, a menudo unos meses; se puede repetir si el efecto dura
- Ácido hialurónico: puede aliviar de forma parecida al corticoide
- PRP (plasma rico en plaquetas): se está estudiando en la artrosis del pulgar; hoy la evidencia es todavía limitada
- Ninguna frena el desgaste: controlan los síntomas
Cirugía
- Cuando el dolor persiste y limita a pesar de un tratamiento conservador bien hecho
- Varias técnicas; se elige según la fase de la artrosis y tu caso
- Recuperación en semanas o meses, según la técnica
Cirugía: en qué consiste
- Reconstrucción ligamentaria: para fases iniciales, cuando la articulación es inestable y el cartílago está conservado.
- Trapeciectomía (resección del trapecio): se extirpa el trapecio y, en muchos casos, se suspende el metacarpiano con un tendón del propio paciente o con un implante de suspensión. Es la técnica clásica y la que tiene más años de experiencia. Alivia el dolor de forma eficaz; a cambio, el pulgar pierde algo de altura y la fuerza de pinza se recupera de forma más lenta y progresiva.
- Prótesis trapeciometacarpiana de doble movilidad: sustituye la articulación desgastada y mantiene la altura del pulgar. Frente a la trapeciectomía, la recuperación suele ser más rápida en las primeras semanas y meses; al cabo de un año, la diferencia entre ambas técnicas es pequeña. Hay prótesis de pulgar con resultados publicados a más de diez años y buena duración del implante, y el diseño de doble movilidad busca aumentar la estabilidad del implante; aun así, como todo implante, puede aflojarse o luxarse y necesitar una reintervención.
Existen otras técnicas, como fijar la articulación o corregir el eje del metacarpiano, que se reservan para casos concretos. Habitualmente es una cirugía ambulatoria: después de la intervención pasas unas horas en el centro y vuelves a casa el mismo día, sin pasar la noche.
Riesgos que conviene conocer
Ninguna de las opciones está libre de riesgos, aunque no son habituales. La infiltración puede producir, de forma ocasional, un adelgazamiento o un cambio de color de la piel en la zona; la infección es muy rara. Tras la cirugía pueden aparecer molestias en la cicatriz, problemas de los tendones de la zona, alteraciones de la sensibilidad o la necesidad de una nueva intervención. En la prótesis hay, además, riesgos propios del implante, como la luxación o el aflojamiento. Se explican en consulta antes de decidir.
La fase de la artrosis, las articulaciones vecinas y tus objetivos: con eso elegimos la técnica
Antes de hablar de técnicas miro tres cosas. La primera, en qué fase está la articulación: si todavía es inestable con el cartílago conservado, o si el desgaste ya está establecido. La segunda, si la artrosis afecta solo a la base del pulgar o también a la articulación vecina, la escafotrapeciotrapezoidea, porque eso cambia las opciones; y cómo está la metacarpofalángica del pulgar, porque a veces es necesario un procedimiento asociado para estabilizar de nuevo el pulgar. La tercera, tus objetivos: tu actividad, la fuerza de pinza que necesitas y el ritmo de recuperación que esperas.
- Cuando la articulación es inestable pero el cartílago está conservado: reconstrucción ligamentaria, que busca estabilizarla antes de que el desgaste avance.
- Cuando la artrosis está establecida y afecta también a la articulación escafotrapeciotrapezoidea, o cuando la afectación del hueso es muy avanzada o hay una osteoporosis importante: trapeciectomía.
- Cuando la artrosis afecta solo a la base del pulgar, el grado de artrosis y la calidad del hueso lo permiten, y tu objetivo es recuperar fuerza y actividad pronto: prótesis de doble movilidad, que mantiene la altura del pulgar.
- Cuando indico una infiltración: la hago guiada por ecografía, para colocarla con precisión dentro de la articulación.
No es una elección que dependa solo de la radiografía, y ninguna técnica es la adecuada para todos los casos. Por eso te explico qué puede esperar tu mano con cada opción antes de decidir.
Ni la infiltración ni la cirugía son un fracaso del tratamiento anterior: son escalones sucesivos que se activan cuando lo anterior no basta.
¿Tratamiento conservador, infiltración u operar? Una valoración lo aclara.
En consulta exploro el pulgar, reviso la radiografía y te explico qué opción encaja en tu caso, incluida la de seguir sin operar.
Quiero una valoración¿Cuándo es recomendable consultar?
- Dolor persistente en la base del pulgar que no cede con reposo o analgesia básica
- Dificultad progresiva para actividades cotidianas: abrir frascos, escribir, girar llaves
- Pérdida de fuerza para la pinza o el agarre
- Deformidad visible o progresiva en la base del pulgar
- Falta de respuesta al tratamiento inicial: férula, ejercicios, analgesia
- Dudas sobre cuándo considerar la cirugía o sobre las opciones disponibles
Después de una infiltración o de una cirugía, acude a urgencias si aparece fiebre, enrojecimiento que avanza o secreción en la zona, si los dedos se quedan fríos o pálidos, o si el dolor es desproporcionado, con hinchazón y cambios de color en toda la mano.
No es normal que el dolor en la base del pulgar limite de forma persistente actividades tan básicas como abrir un bote o girar una llave. Consultar pronto amplía las opciones: en fases iniciales hay tratamientos que pueden dejar de ser adecuados cuando la artrosis avanza.